Privilegiados ¿dónde?

Cada vez que un colectivo de trabajadores se organiza para defender sus derechos comienza una campaña en los medios de comunicación para convencer (a aquellos que quieren ser convencidos) de que esos trabajadores son unos “privilegiados”.

Hace unos años les tocó el turno a los controladores  aéreos, después llegaron los mineros. Sí, los “privilegiados” mineros que trabajan en unas condiciones que muy pocos de nosotros aguantaríamos, que cada  día exponen su vida y su salud en su puesto de trabajo y que cobran un salario como cualquier otro trabajador por cuenta ajena. Los mineros consiguieron que toda España se tiñera de negro en sus marchas hasta Madrid. Los mineros pelearon y recibieron la solidaridad de muchos trabajadores. También nos quisieron hacer creer que los funcionarios eran unos “privilegiados” y que había que quitarles la paga extra porque ya cobraban bastante. Quisieron criminalizar a los profesores de la enseñanza pública cuando éstos decidieron no callarse y salir a la calle a defender  una “Educación pública de todos, para todos”. Tras ellos llegaron otros “privilegiados”: los barrenderos.  Y esta semana llegó el turno de los estibadores portuarios.

Como cada vez que se trata de desacreditar la lucha de un colectivo, los medios nos repiten las mismas monsergas año tras año: que si tienen salarios muy elevados, que si hay enchufismo, que si trabajan poco, etc. Lo triste no es que repitan como papagayos lo que les mandan sus amos sino que algunos trabajadores “compren” esos argumentos.

Casualmente los medios de comunicación nunca señalan los privilegios de quienes explotan a los trabajadores.

Es curioso que esos medios nunca hablen de los salarios elevados de futbolistas profesionales, de cantantes, de tertulianos, de personas que trabajan en los medios de comunicación , de empresarios, de banqueros, etc. Si lo hacen es para decirnos que su salario es fruto del esfuerzo, como si el resto de trabajadores no nos esforzáramos lo suficiente.

Tampoco veremos a esos medios hablar de “enchufismo” cuando se refieren a personas de familias con mucho dinero que todos conocemos y que obtienen sus puestos de trabajo no por su valía profesional sino por ser hijos de quien son.

Esos son los auténticos privilegiados: aquellos que se valen de su posición dominante para vivir a costa del esfuerzo, del trabajo y del sacrificio de otras personas; ésos que no saben lo que pelear por sus derechos porque todo les vino dado.

Por todo ello, a los trabajadores debería llenarnos de orgullo ver como todavía hay personas que defienden sus derechos, porque está claro que esos derechos a los que los medios llaman “privilegios” no llegaron un día como por arte de magia, sino que fueron conquistados  gracias a la lucha y a las ganas de dejarnos unas mejores condiciones de quienes pelearon antes que nosotros.

No debemos olvidar que mañana podemos ser nosotros los “privilegiados”

 

 

 

 

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